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Las plantaciones de mangos,
ubicadas principalmente en el sector privado, producto que las
existentes en las tierras estatizadas han sido extinguidas por
diferentes razones: tala indiscriminada, sustitución por otros
cultivos y hasta su utilización como combustible durante la aguda
crisis conocida como el “periodo especial” ponen a esos productores
y sus familiares en un verdadero atolladero económico.
La pérdida de la cosecha de mangos no sólo perjudicará a sus productores, sino a toda la familia cubana, principalmente a los niños, ya que no se podrá obtener la pulpa necesaria para la fabricación de compotas, componente importante en la ya restringida dieta infantil.
Consultado sobre el tema, Antonio Alonso, Director General del Proyecto de Desarrollo Cívico Rural, nos confiesa, “lo que no hay voluntad política para resolver el problema, que no solo afecta a la producción de mangos, sino toda la producción agropecuaria. El pasado 9 de mayo salió una publicación en el Granma que reconoce que, “en el 2006, por concepto de leche ácida se perdieron en Cuba más de 14 millones de litros”
La leche ácida no es más que la leche que se hecha a perder por no recogerse a tiempo, mala calidad y condiciones higiénicas de los recipientes, etc. Así pasa con los mangos, que se pudren en el campo y para colmo no se pueden vender a la población, ni llevarlos directamente al mercado, porque las multas por esa actividad económica ilícita oscilan entere los 500 y 1200 pesos cubanos.
La calidad del mango cubano es altamente reconocida, el bizcochuelo es una fruta ideal para enlatar, otras especias como las conocidas como “mango de corazón” por su alto contenido de yodo es esencial en la producción de mermeladas y el mamey, con una gran cantidad de pulpa es indispensable en la fabricación de las compotas.
La estrategia económica de la nomenclatura es incomprensible, mientras dejan de comprarles el mango a los productores cubanos, luego los importan desde República Dominicana y Haití, pagándolos en dólares. Si a esos precios en dólares o su equivalente en moneda nacional de les pagara el mango a los cosecheros cubanos y se les permitiera su libre comercialización, no se perdería una sola fruta, pero ya no podemos apelar ni siquiera a aquel slogan que se hizo famoso por los años 60; “Dice Nikita Khrushchev, que se dejen de fandango y que vayan comiendo mangos hasta que llegue el arroz”.
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