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Medio siglo de totalitarismo
En contraste, a unas cuadras de allí, en Heredia y Calvario me encuentro a Francisco, un anciano de pasos lentos y achacosos, tal parece que no avanza, que el tiempo lo consume donde está. Francisco lleva dos días madrugando para hacerse unos análisis en el Policlínico “Camilo Torres”, y para amenizar un tanto su larga espera le pedí charlar un rato sobre larga vida. “Yo trabajaba en una finca en Guantánamo, que se llamaba “La Mariana”, de dos caballerías de tieera aproximadamente, como 27 hectáreas, dedicadas al cultivo de maíz. Me pagaban $1.50 pesos diarios, porque no incluía comida. En ocasiones existían los “ajustes” o pagos por acuerdo, un convenio entre el dueño y un trabajador para que en un tiempo determinado le hicieran cualquier trabajo, ahí se ganaba muchísimo más. El dueño de la finca tenía un camión y compraba al por mayor mercancías que luego vendía a los trabajadores a créditos. Así se resolvía de todo, pues las cosas valían quilos. No éramos ricos, pero nunca faltó la comida.
“Yo picaba piedra a los 14 años, en el taller de José Villar, era un pequeño taller para hacer piezas de granito y me pagaban 7.00 pesos semanales. Los sábados trabajábamos hasta el medio día, ya cuando estuve un tiempo en ese taller me empezaron a pagar 14.00 pesos mensuales, que en la época del gobierno Batista con ese salario nos manteníamos. Claro que se vivía, mira a Juana, que tenía cinco hijos y su esposo falleció cuando el mayor tenía cerca de seis años y a todos los hizo hombre, casi todos están vivos, y eso fue lavando y planchando. Lo de la violencia vino después, los asesinatos de jóvenes en las calles se incrementaron después del ataque al cuartel Moncada.” Mario continuó explicándome que su papá ganaba 8 pesos por viaje, como marinero en una pequeña goleta, que llevando cervezas y coca cola a la Base Naval de Guantánamo, pero con ese dinero podía asistir a cualquiera de los bares de la zona como: El Café de Panchín en Barracones, El Dorado, La Suerte, El Modelo, La Gran Parada, El Cidrín, Navy Club, El Café de Mongo, El Café de la India, El Cabaret Blanco y Negro, El Faro, El Forno y los que tenían más dinero al Club Náutico, que solo era para blancos y los gerentes con sus familias. "Muchas veces yo no tenía dinero y le pedía 20 pesos prestados a Panchín y me lo gastaba ahí mismo y después me dirigía a cualquiera de los cines del barrio: El Medimard, El Maxim o El Gran Cine, concluyó Mario¨.
“Juan Carlos, yo trabajaba con mi mamá lavando y planchando, eso era desde quenos levantábamos hasta que nos acostábamos, nunca se me olvidará la hora en que teníamos que planchar esos pantalones almidonados. En cualquier casa por lavar una tremenda cantidad de ropa te pagaban un peso. En el campo era peor, desde las 5 de la mañana nos poníamos a ordeñar las vacas, luego a hervíamos la leche en bullones con leña o carbón para cuando llegaran los trabajadores tenerle el desayuno listo. En Palma Soriano y creo que aquí en Santiago de Cuba también, cuando el gobierno de Batista acostumbraban a dar para fin de año una cajita con comida, generalmente arroz, frijoles, etc., y un peso dentro de ella, eso hasta donde alcanzaba”. En eso
llegó el negro Ramón, un típico santiaguero, extrovertido y
hablar altisonante, quien ni corto ni perezoso nos contó que el
perteneció a la Luz de Oriente, una sociedad de negros que tenía
su sede debajo de la Iglesia de la Catedral, frente al Parque
Céspedes, donde sacaban sus balances para el portal y donde los
blancos no podían entrar. La falta de propuesta, el inmovilismo en que se encuentra el país conduce a las personas a reflexionar sobre el pasado, no se proyecta el futuro como algo deseable y posible. Se insiste en recordar el pasado en sus extremos, tanto positivos como negativos. En ese sentido he recogido muchas opiniones, casi todas apuntan a que era imprescindible derrocar la dictadura de Batista, pero muy pocas aprueban que fuera necesario cambiarla por el régimen totalitario que existe hace 50 años en la Isla. La coincidencia histórica de los dos periodos de tiempos iguales, para dos sistemas políticos diferentes invita al análisis comparativo y al balance de ambos. En Santiago de Cuba, siete de los ocho hospitales existentes fueron construidos durante los gobiernos anteriores a 1959 y las infraestructuras de calles pavimentadas, acueducto y alcantarillado, bodegas, panaderías, mercados, etc., son las mismas desde entonces, al igual que la mayoría de las escuelas con que cuenta la provincia. Haber erradicado el analfabetismo, enseñando a leer y a escribir a miles de campesinos es uno de los logros más visibles de la Revolución, según sus apologistas, pero sabiamente utilizado inculcar en esas personas la semilla de la ideología comunista y el desprecio a otros sistemas sociales. ¿De qué sirvió haber enseñado a leer a esas personas, si sólo pueden leer lo que el Gobierno les permite que lean y de qué sirvió haberlas enseñado a escribir, si solo lo pueden hacerlo para resaltar los supuestos logros de la Revolución? El acceso totalmente prohibido a los medios de comunicación masiva del país ha contribuido a que este macabro proyecto de Nación llegue a 50 años. No se puede concebir una sociedad que diga ser democrática con un sistema de opiniones tan controladas. A modo de ejemplo, solo en la ciudad de la Habana con aproximadamente un millón de habitantes antes del 59, existían más de 20 periódicos, más de 30 radioemisoras y 5 empresas de televisión. Al
conmemorarse el 50 aniversario del triunfo de la Revolución
es bueno
destacar cuáles fueron las premisas que animaron a muchos de los
que murieron en esa cruenta guerra fratricida. Los asaltantes al
cuartel Moncada que murieron en esta ciudad, tenían como
principal propósito derrocar la dictadura de Batista, pera
inmediatamente después establecer un Estado de Derecho, con
elecciones libres, pluralistas y transparentes como aparece en
el Manifiesto de la Sierra. El
monopolio de la educación ha sido una de las armas del régimen
para el sometimiento ideológico. En Santiago de Cuba existía un
prestigioso colegio “La Salle” que en su momento aglutinaba a
cientos de jóvenes estudiantes que querían recibir una educación
religiosa y una formación humana en valores. Sin embargo, junto
a la Universidad Católica de Santo Thomas de Villanueva fueron
estatizadas y sus profesores expulsados del país. A los colegios
“La Salle” se les permitió retornar al país años después, pero
con sus funciones muy disminuidas. La formación comunista de
forma obligada a la nueva generación entra en franca
contradicción con uno de los artículos de la declaración
universal de los derechos humanos, ya que les niega a los padres
la posibilidad de darles a sus hijos la educación que ellos
deseen. Al llegar a estos 50 años de revolución, podemos decir que el país está más fragmentado que nunca. Millones de personas viviendo en el exilio, alejadas de sus familiares y millones queriendo abandonar el país. Las largas filas frente a la embajada de España así lo confirman. La nueva ley que permite a muchos cubanos hacerse ciudadanos españoles abre las puertas para poder emigrar, única vía que muchas personas ven como solución a sus problemas y no están dispuestos a esperar otros 50 años para resolverlos. Al principio de la Revolución muchos consideraban que no era necesaria una Ley de Reforma Agraria. Este tipo de reformas, desde la Segunda Guerra Mundial habían tenido resultados desalentadores, generando retrasos en el proceso de crecimiento económico de muchos países. Más bien se pedía una política de desarrollo agrario que con un uso más adecuado de la tierra y la utilización de la Ciencia y la Técnica ayudara a elevar el nivel de vida del campesino. Sin embargo no hubo tal Reforma Agraria, sino confiscaciones masivas de tierras para formar un gran latifundio estatal. Hoy día nos encontramos con que más del 50% de la tierras cultivables en manos del Estado está ociosa o sub - explotada y la tendencia de los últimos años ha sido el incremento. El Gobierno cubano no ha querido reconocer legalmente la existencia de partidos y movimientos políticos de oposición dentro del país, a pesar de que muchos de ellos han solicitado su legalidad al Ministerio de Justicia y al Consejo de Estado. No obstante, podemos decir que en estos 50 años con la represión de esa gran maquinaria que el Ministerio del Interior no han podido silenciar a la oposición y cada día somos más los que atrevemos a expresar libremente nuestras opiniones contrarias al dictamen gubernamental, aunque seamos perseguidos, vigilados, hostigados, detenidos en sus cuarteles y condenados a prisión. Y actuamos así, porque estamos convencidos del pensamiento martiano cuando dijo: “Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”. José Martí ¡Libertad para todos los presos políticos! ¡Salud y felicidad para todo nuestro sufrido pueblo!
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